Imprimir esta página
Fuente de Santa María la Mayor de Oseira Carlos

Contacto con los niveles superiores

Escrito por Antonio Blay Fontcuberta

Al principio, el problema se plantea en cómo restablecer esa conexión con esa conciencia espiritual a voluntad. Porque esto suele funcionar como una experiencia más o menos fuerte, más o menos dramática, aunque dramática gozosa, pero luego se va, dejando sólo la añoranza, la nostalgia

 

 

     Si uno entiende bien que uno está viviendo encerrado dentro de los límites de sus propias creencias, uno puede ver con claridad cuál es el camino de acceso a esa dimensión superior. El camino de acceso a esa dimensión superior consiste, simplemente, en poner mi atención y afecto a eso superior que intuyo, que presiento; y, manteniendo esa atención, interés y afecto hacia eso superior, relajar totalmente la mente, como expliqué hace un día o dos en relación con la felicidad.

 

     Repito: cuando uno se da cuenta que uno está viviendo encerrado artificialmente por las propias ideas profundas que uno está acostumbrado a mantener, cuando uno, por esta autoobservación, lo comprueba, se da cuenta de que puede salir de eso; porque si no lo comprueba siempre creerá que “yo soy así y no puedo ser de ninguna otra manera”; pero cuando existe esta observación constante, uno se da cuenta de que uno está metido dentro de una estructura mental; el trabajo que uno ha hecho (y que he ido indicando) con el inconsciente, ya le muestra esto: en la medida en que yo abro mi mente, en la medida en que yo me pongo en atención con otra cosa y suelto mis ideas habituales conscientes, la cosa cambia, todo empieza a funcionar en mí distinto.

   

     Pues exactamente el mismo principio funciona en relación con esas dimensiones superiores. De hecho, todo lo que yo puedo soñar como deseos de llegar: a felicidad, a un amor, a una conciencia de infinitud, a una realidad intrínseca, en sí, de por sí, o a una comprensión de todo; todo eso está en mí. Viene a mí esa demanda, precisamente, porque soy eso; si yo no fuera esa infinitud, no podría surgir en mí esa demanda de infinitud. El problema es que soy esa infinitud pero estoy viviendo en mi mente como siendo fulanito de tal, con su historia personal y nada más. Y mientras yo esté hipnotizado por esa creencia yo me prohíbo a mí mismo, esta idea me impide vivirme de un modo distinto a lo que creo; o sea, que soy producto de mi propia autohipnosis, soy víctima de las ideas que he aceptado, sin darme cuenta me están autolimitando.

     

     La solución no está en hacer esfuerzos para ir más allá, la solución está en deshipnotizarse; deshipnotizarse quiere decir descubrir, darse cuenta primeramente del estado de hipnosis en el que vivo; o sea, de los esquemas en los que estoy metido siempre; y, en segundo lugar, irme dando cuenta de que yo soy yo aparte de toda idea, aparte de todo modo particular de ser, aparte de toda comparación y de todo juicio, que yo soy, en principio, un foco de luz, un foco de felicidad, un foco de energía. No soy ninguna forma particular; las formas van cambiando, pero lo que yo realmente soy como identidad es esa constante, ese foco. Entonces esto me permite ir soltando mi hipnosis, mi sueño, de acuerdo con las ideas que he aceptado; voy soltando mi crispación en mi modo personal de ser, de hacer, de tener, en mi yo-idea y en mi yo-ideal. Entonces, en la medida en que voy soltando eso voy teniendo libre acceso a una conciencia superior y a una conciencia mayor en lo horizontal. La conciencia va como despertando a su dimensión total en la medida en que yo voy soltando mi crispación en lo particular, en lo personal; y esto se produce de un modo natural en la medida en que hay esta desidentificación, que yo voy viviéndome como centro y voy soltando mi adherencia, mi adhesión hacia las formas: formas mentales, forma física, forma de hábitos, toda clase de formas.

 

     Antonio Blay Fontcuberta. Curso de psicología de la autorrealización. Transcripción de la grabación. San Cugat del Vallés. Barcelona. 1982.

Artículos ADCA
Visto 516 veces
Escrito por Antonio Blay Fontcuberta
Valora este artículo
(9 votos)
Inicia sesión para enviar comentarios