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El verdadero Maestro

Escrito por Antonio Blay Fontcuberta

Realmente, uno nunca está solo en el trabajo interior. El verdadero gurú, el verdadero Maestro, nunca es nadie en concreto. Sólo hay un Maestro, sólo hay un gurú, y éste es Dios.

Y todo lo demás son simplemente unas muletas transitorias que, lógicamente, sirven y han de utilizarse hasta que uno llegue a ser capaz de mantener el contacto directo, abierto, permanente y claro con la propia fuente. Nunca el trabajo interior quedará perturbado o retrasado por falta de ayuda exterior, por falta de maestro o de consejo. Los consejos exteriores son necesarios en la medida en que uno no está preparado o no está educado para escuchar esa voz superior. Cuando todavía puede confundir la voz superior con la voz de su subconsciente, con la voz de su imaginación, con la voz de sus deseos o la de sus temores, mientras hay esta confusión, es cuando el maestro externo es absolutamente necesario para ejercer una labor de discriminación. Pero el trabajo interior irá educando progresivamente para que uno vaya siendo capaz de emanciparse de las dependencias externas. Pero debe quedar claro que uno no debe desear la emancipación antes de hora por un deseo de independencia o de orgullo, porque puede serle fatal, puede retrasarle el trabajo. La persona nunca sufrirá retrasos en su trabajo si aprende a ser sencillo, sincero; pero en cuanto exista una sobrevaloración o una autosuficiencia irreal, entonces se corre el peligro de desviarse del camino verdadero.

 

Por el hecho de que la llamada al trabajo deriva de esta acción procedente de lo superior, por eso, tenemos ya asegurada para siempre la asistencia, el estímulo, la dirección. En la evolución no se retrocede, en la evolución siempre se adelanta, aunque a veces un paso de adelanto puede representar un tiempo de acumulación de tensión interior para decidirse a dar el nuevo paso. Por tanto, existirán períodos en los que aparentemente no se adelanta, pero no es que no se adelante sino que se trata de un período preparatorio en el que se están acumulando interiormente experiencias o tensiones que empujarán hacia el paso siguiente.

 

Lo único que impediría la evolución durante algún tiempo sería el que uno se mantuviera completamente aislado y encerrado en la idea de la propia suficiencia, desconectado de lo que es la fuente de energía de la vida y del conocimiento. Cuando uno quiere ser sólo él mismo, sin querer abrirse -de una manera simple, con sencillez- a Dios (o a algo o alguien que sepa más que uno), cuando uno adopta esta actitud totalmente egocentrada, entonces uno mismo está cortándose las avenidas de suministro de energía y de orientación. Esto puede representarle una detención -no un retroceso pero sí una detención- que luego se traducirá en un movimiento brusco y quizá violento hacia adelante. Pero de momento representa un parón que se traducirá en dolor, pues todo lo que es negación del sentido evolutivo impide ver las cosas tal como son e impide vivir la dinámica del crecimiento, la dinámica de la vida, y eso se traduce siempre en dolor, en un grado u otro.

 

Antonio Blay Fontcuberta “El trabajo interior. Técnicas de meditación” Editorial Indigo. 1993

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Escrito por Antonio Blay Fontcuberta
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1 comentario

  • Enlace al Comentario Isabel Isabel Martes, 28 Septiembre 2021 11:59

    Muchas gracias por el artículo!
    De él me gustaría destacar:

    . “El verdadero gurú, el verdadero Maestro, es Dios”

    . “He de ser capaz de mantener el contacto directo, abierto, permanente y claro con la propia fuente”

    En tanto que hay confusión en nosotros y no se establece este contacto continuo, Blay es muy claro asegurando que necesitamos la figura del guia, del maestr@. También nos dice que el exterior nos lo va a poner delante.

    De todo lo que la vida nos puede ofrecer, me parece que, despiertos, ya constatamos o intuimos si el/la maestr@ nos está conduciendo o reconduciendo en nuestro viaje.

    Creo que lo apropiado es que cada uno vea, sienta, si lo que le va llegado le resuena, le sirve; si el camino emprendido le proporciona avances. Esto es la garantía para seguir persistiendo.

    Y creo que ver esto es fundamental para elevar “el mensaje” por encima de la vida personal de quienes nos acompañan . Quizás deberíamos tener presente que todos somos humanos en el camino, con nuestras propias fluctuaciones. El peligro está en que la desilusión que pueda causar la posible caída de la idealización del otro, pueda servirnos de excusa para abandonar el trabajo.


    No olvidemos que el mensaje viene de “Arriba”, del auténtico Maestro, aunque se transmita a través de las herramientas que tenemos alrededor: situaciones, persones…..

    Un abrazo,

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