Imanol Cueto Mendo

Imanol Cueto Mendo

Ésta es otra de las dificultades importantes. Uno practica, practica, y no experimenta nada en absoluto de lo que le han dicho. Pero con frecuencia esta falta de progreso es sólo aparente; en realidad, siempre que uno está tratando de trabajar, progresa, es inevitable. Sólo el hecho de que yo me esfuerce en hacer algo en contra de mis hábitos, en contra de mi rutina, eso sólo, está desarrollando esta capacidad reactiva.

Yo diría sin vacilar que nuestro amor fundamental es el amor a Dios. Pero puede ocurrir que a algunas personas la palabra Dios les evoque resonancias interiores poco agradables, más bien tristes, debido a asociaciones afectivas que les hacen relacionar esta palabra con épocas odiosas de su educación. Hablo aquí desde el punto de vista psicológico. No importa el nombre, sino entender bien el concepto. En lugar de amor de Dios podemos decir amor a la verdad absoluta, al ser o al valor supremo, amor a la inteligencia cósmica, etc. Lo importante es tener una idea clara, una intuición perfecta de este objetivo.

¿Para qué vivimos? ¿Cuál es, en definitiva, lo que nos atrae y empuja en la vida? Esto es lo que tenemos que ver con claridad. ¿No es cierto que todos aspiramos a un amor superior más aún, a un amor supremo, total, último, que no tenga vaivenes, que no dependa de nada, que se baste por completo a sí mismo, que sea absoluto, el único? ¿No existe en todos nosotros esta aspiración? Pues bien, lo único que llena esta aspiración es la realidad a la que damos el nombre de Dios, que ha de atraer de un modo decidido y claro nuestra afectividad.

Vemos de este modo que la inteligencia tiene su propio medio de desarrollo, pero que, al mismo tiempo, el desarrollo de la energía y la afectividad son dos pilares que ayudan también a que la inteligencia pueda funcionar mejor. Lo que hemos dicho hasta aquí son consignas operativas que de momento son suficientes.

No obstante, el problema que más frecuentemente se presenta en las personas es el problema de la inseguridad interior, de la tensión, de la angustia o de la soledad interior. Todo esto son diferentes aspectos de un único problema, que es el más común, el más general. Y este problema se resuelve trabajando no tan sólo el aspecto inteligencia, sino, paralelamente el aspecto energía y el aspecto amor.

Hablemos, pues, del aspecto amor.

Alguien que finaliza los estudios y se dispone a abrirse camino en la sociedad, ha asimilado una gran cantidad de conocimientos sobre cuestiones muy específicas. Un/a médico sabrá mucho de ciencias de la salud; un/a agricultor/a sabrá mucho de agricultura y un/a mecánico/a sabrá mucho de mecánica. Esta formación recibida es, por descontado, necesaria y corresponde a una primera educación que ayuda a las personas a integrarse con éxito en el mundo laboral; no obstante, esta primera educación no siempre integra y contempla una serie de cuestiones esenciales para poder vivir de manera plena, independientemente de la orientación profesional que se escoja.

Cuando acabamos los estudios, sabemos quién es Napoleón, Platón y Luís XV, pero no sabemos quién somos nosotros. Sabemos latín, inglés y francés, pero no sabemos comunicarnos desde el corazón con los otros. Sabemos cómo aprobar un examen, pero no sabemos qué hacer con las emociones negativas que aparecen cuando suspendemos… Para resolver cuestiones tan fundamentales como estas nos hace falta una segunda educación.

Complacer, internamente hablando, es cuando tú haces algo para de algún modo obtener el beneplácito del otro. Entonces estás buscando aquello que le complace. El amor es algo que se es, ni tan solo es lo que se hace. Es lo que se es, es nuestra naturaleza y por tanto no tiene ningún objeto, meta ni fin, no tiene por fin complacer a nadie. A mí me encanta el ejemplo de sol. El sol no nos complace. No nos complace pero no nos complace, a eso me refiero, no lo hace desde la complacencia. Irradia la luz, es imprescindible y es extraordinario todo esto que supone. Es la vida pero no hay ningún espíritu de complacencia. Entonces, cuando ya hay alguien que quiere complacer a alguien ya estamos en una trama oscura porque hay un juego por ahí debajo que no es trigo limpio. Y, por tanto, como no es puro no es verdadero, traerá su inevitable contaminación y sufrimiento.

¿Podemos esperar de un cocodrilo que se comporte como un perrito faldero? ¿Podemos esperar del fuego que no queme? ¿Podemos creer que el agua va a dejar de ser mojada?


Esperar que las cosas sean diferentes a como son es ignorar la ley de la causa y el efecto: mientras exista la causa previa, solamente podemos vivir el efecto que tenemos.

Pretender que la realidad es injusta porque no encaja con nuestros deseos es negarnos a comprender que el fuego, los cocodrilos y el agua son como son y producen los resultados que producen. Pensar que su acción o su existencia es una injusticia nos llena de odio y de venganza…. ¿Y acaso te parece buena idea vivir odiando?

Pese a todos los elementos comparativos que hallamos en todas las grandes religiones, el cristianismo ofrece un elemento diferenciador que le confiere una identidad indiscutible: la estirpe semítica intensamente modelada por la cultura y el pensamiento helenistas. El pensamiento griego ha ido expresando los dogmas cristianos a medida de sus configuraciones. Sin el helenismo el cristianismo dejaría de ser la religión del occidente europeo, que la diferencia de su matriz judía y sobre todo de su “pariente” islámica, a la que le ha faltado un mínimo hervor helenístico. Quizá esto explique bastante las concordancias y las discordias existentes en la llamada “casa de Abraham”. Sin duda, que las discordancias serían menos acentuadas, entre las tres religiones semíticas, sin el hervor helenístico y sobre todo, la concepción del Logos Occidental. Sin él, no se entendería el misterio trinitario en Dios, y las descripciones de las naturalezas personales de Jesucristo. Habría un mayor consenso en la acentuación del monoteísmo en Dios, y en el profetismo excepcional de Jesús de Nazaret, como lo acentúa sobre todo la tradición sufí. Y con esta base, quizá, se verían sometidos dogmas y creencias a una lectura distinta. Pero esto no es, ni será así. Pese al esfuerzo ecuménico de algunos, aunque aquí, ya no concerniente a las exclusivas religiones semíticas sino a las grandes religiones mundiales, el Logos es el gran obstáculo de un pluralismo religioso sin reservas.

“Reconócelo en todos tus caminos, y él allanara todas tus sendas”
Proverbios: 3.6

De manera muy usual, sobre todo cuando el personaje tomas las riendas, nuestros actos tienden a ser más reactivos que proactivos, es decir, nos pasamos nuestra vida tomando decisiones, armando planes, escogiendo entre diferentes alternativas… esperando que ocurra lo que deseamos y es verdad que a veces nos salen bien las cosas, pero no es menos cierto que muchas veces no es así  y es entonces cuando de manera infantil reaccionamos pidiéndole a Dios (de manera consciente o inconsciente) que nos ayude a encontrar nuevamente el camino.

Este 16 de octubre pasado ocurrió un hecho muy destacable para toda la familia ADCA, la renovación de la junta directiva de la asociación, y para dicho acto no se podía haber elegido un mejor lugar que el monasterio de Santa María la Real de Oseira donde la comunión entre todos los asistentes era el sentir reinante, esto hizo que desde ese espacio común todo sucediera de una forma absolutamente sencilla y natural.

Nosotros como nueva junta directiva de ADCA quisiéramos mostrar nuestro más profundo y sincero agradecimiento a las personas que pusieron en funcionamiento la asociación.

Dios es el nombre que damos a lo que para nosotros es la noción de lo más fabuloso. Es, pues, la meta última, o la parte nuestra, diríamos, no reconocida, o la máxima que podemos llegar a actualizar. Nuestro objetivo, pues, es ir a ello, actualizarlo y reconocernos en tanto que ello, allí. Luego ya veremos qué pasa. Pero sí os puedo decir que se producen nuevas visiones, nuevas expansiones de conciencia; y que este trabajo basta para satisfacer toda la existencia, plenamente, absolutamente. La conciencia superior ya es una actualidad total. La razón de la existencia personal reside en lograr que lo que está arriba se traslade abajo. Nosotros, como personalidades, somos los instrumentos de este traslado. Somos como los instrumentos de este «transformador» que hace que lo superior descienda a lo inferior, que el espíritu se encarne en la materia, y así nos conduzca a evolucionar, es decir, a que la vibración de baja frecuencia, ascienda.