Isabel

Isabel

El personaje se refuerza cuando se acercan las Navidades y pasa revista a sus relaciones: ¿qué tengo que hacer?, ¿qué pasa con mi dignidad?, todo tiene un límite, me deben explicaciones por las ofensas, puedo ser buena pero no tonta, a nadie le intereso, nadie me comprende… Con todo esto y más, el personaje se va haciendo su película, a pesar de que le corto también le doy de comer, y el poso va quedando porque entro en su juego.

Hay gestos ajenos que me devuelven la esperanza y mi actitud parece cambiar, pero entonces el personaje monta otra película para ser reconocida, aplaudida y aprobada: la de ser generosa y amable: ¡qué buena soy!, ¡que dispuesta estoy! El personaje se disfraza del “amor, energía e inteligencia del Trabajo” y utiliza este disfraz para creerse autosuficiente.

Desde su presentación ya se dijo que allí, en Ávila, el Congreso nos había reunido a buscadores de diferentes movimientos espirituales próximos para intercambiar ideas y experiencias. Unos buscadores que, en ocasiones, utilizábamos diferente vocabulario para designar el mismo punto de referencia: Nuestra Identidad Esencial.
Y así se ha demostrado, porque todas y cada una de las presentaciones y mesas redondas que han tenido lugar, se han desarrollado desde un alto nivel de conciencia, mostrándonos, desde su particular visión y experiencia, diferentes aspectos de cómo recorrer el camino de auto descubrimiento de lo Esencial. Esta amplia diversidad de puntos de partida, visiones y experiencias, nos ha dado la posibilidad de, por un lado, profundizar en lo que nos fuera más cercano y, por otro, de acercarnos a lo más desconocido, como el caso de la mística, para algunos.

Uno de los frutos más transformadores que aporta el Trabajo a nuestras vidas es la calidez y profundidad de las que se van impregnando nuestros actos a medida que vamos avanzando en él. Creo que esto es debido a que vamos tomando conciencia, poco a poco, de que el Amor se va instaurando en nuestras vidas.  La observación, y progresiva constatación vivencial de que todo lo impregna, todo lo mueve, todo lo relaciona...,  nos va haciendo vibrar en su sintonía, modificando maneras de pensar, sentir y hacer, hasta conducirnos al redescubrimiento de nuestra verdadera Naturaleza, hasta llegar a tener la certeza de que Yo Soy eso, Amor.

Cuando comencé el Trabajo ya había leído previamente algo de Blay y me sonaba lo de que somos un potencial de Inteligencia, Amor y Energía. ¡Y además, un potencial infinito! No obstante, por entonces, esta afirmación me parecía un poco inverosímil, porque aunque aspiraba a vivir mucho más plenamente, contemplaba y medía el mundo y a mí misma bajo los patrones sociales adquiridos e interiorizados en mi “Yo Idea” los cuales limitaban y distorsionaban mi visión y percepción Real.

Así que primero había que desmontar todas estas ideas que acostumbran a estructurar nuestro mundo: pequeño, limitado y supuestamente previsible, al que miramos y nos relacionamos desde la dualidad: “yo y el mundo”, con el propósito de convertirlo en algo mucho más grande, real y fuente de infinitas oportunidades, que nos vaya acercando a sentirnos en la Unidad:  “yo en el mundo”, formando parte de todo.