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Monday, 02 June 2014 14:19

Conciencia y presunción

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Transcribo una experiencia de centramiento de una compañera nuestra:

“El otro día en un centramiento tuve como una imagen muy vívida de lo que éramos y de lo que sucedía justo debajo de nosotros…era un sinsentido, sobre todo porque arriba todo era paz y sosiego y abajo la gente iba y venía como hormigas empujándose unos a otros cada uno con sus propios problemas. Toda la gente hablaba, cada uno de lo suyo, y nadie escuchaba a nadie porque claro, todo el mundo estaba hablando. Yo veía a toda esa gente y no podía hacer nada, sólo me decía “ellos creen que eso es real… si supieran lo que hay más arriba”. Claro que en ese nivel de percepción no cabe nada porque más allá de uno mismo y con careta no se puede percibir ni luz ni nada.

Los deseos son realizables.

Siempre yo puedo realizar mi deseo, porque el deseo es expresión de mi propio fondo. Si yo quiero llegar a una mayor plenitud es porque esta plenitud existe en algún sitio en mí. Si yo quiero llegar a una mayor realidad es porque esta realidad existe en mí. Y si no existiera en mí, yo no tendría noción de que pudiera existir una mayor realidad.

Todos podemos realizar nuestros deseos del todo, en el sentido de actualización de nuestro modo de ser y de sentimos. Nuestro modo de ser y de sentirnos no depende del exterior aunque creamos que es así; depende de cómo yo reacciono al exterior, no del propio exterior.

Cuando en nosotros hay el deseo de algo, eso quiere decir que esencialmente existe en nosotros la posible realización de ese algo. El deseo puede tener dos formas básicas: o bien yo deseo llegar a ser de un modo determinado, o bien deseo algo externo a mí. Yo puedo desear llegar a vivir con una gran serenidad, o con una gran seguridad interior, o con una gran paz; o puedo desear una casa muy bonita, o poder disponer de unos medios económicos que me permitan una autonomía en mi vida.

Friday, 09 May 2014 15:56

La alquimia del sueño

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Como ya hemos comentado en algún otro artículo, un proceso inherente a cualquier trabajo de autorrealización que se precie de tal es el de la desidentificación personal, la constatación de que aquello que creías ser, y que hasta el momento te conducía por un camino con más de un bache, por fortuna no se corresponde con una realidad esencial más profunda, rica y fecunda que se va abriendo paso en nuestra conciencia.

Una de las consecuencias de esta desidentificación la encontramos en el hecho de que, al poder vivirte en otro nivel de conciencia, las vicisitudes experimentadas en el nivel anterior van tomando un cariz muy distinto, pasan de ser el factor determinante de tu vida a algo así como información que, en determinadas circunstancias, puede cumplir un determinado propósito.