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Sunday, 30 April 2017 09:10

La disciplina de la actitud

Written by  Marga Martin
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¿Qué podemos hacer, pues, para superar esa tendencia reiterativa mecánica que nos mantiene en un círculo vicioso, que nos mantiene prisioneros de nuestra propia costumbre? Bien, aquí la técnica clave es la disciplina de la actitud. Ésta, consistirá en proponemos y en ejercitarnos a tener una disposición interior como si absolutamente todas la cosas nos fueran del modo mejor imaginable, del modo óptimo. Se trata de que aprendamos a asumir una actitud de ánimo, de energía, de confianza, de optimismo, de cordialidad. Se trata de reproducir ese estado que todos hemos tenido cuando nos hemos encontrado eufóricos. Es lo que llamamos la actitud positiva.

La actitud positiva

Debo de normalizar y actualizar todas mis capacidades positivas. Es evidente que si yo me encontrara ahora, de repente, sea cual fuere mi estado actual, en unas circunstancias extraordinarias, todo yo también reaccionaría de un modo extraordinario. Incluso mi postura física mejoraría, me pondría más recto, me apoyaría sobre mi columna vertebral, mis ojos se iluminarían, mi mente se aclararía por lo que está ocurriendo, mi dinamismo afectivo crecería inmediatamente. Tendría una disposición de cordialidad, de afecto, de optimismo. ¿Por qué? Porque la situación es tan importante, que inmediatamente produce esta dinamización de mi persona. Ahora bien, en esta supuesta situación extraordinaria, ¿qué es lo que ha ocurrido?, ¿de dónde ha salido ese dinamismo, esa claridad, esa confianza en sí mismo?, ¿de dónde procede?, ¿acaso me lo ha dado ese señor tan importante que acabo de encontrarme? No, aquel señor no me ha dado nada. Aquel señor quizá me ha comunicado algo, por lo cual yo simplemente le atribuyo un valor grande. Pero él no me ha dado en realidad ninguna de esas cosas. Todo se ha producido en mí, se ha movilizado en mí. Porque todo ha estado siempre en mí.


El problema está, pues, en que, aunque en nosotros existe una formidable energía y una capacidad afectiva y de claridad y atención grandes, no vivimos esa capacidad, no la movemos, estamos siempre esperando que venga un estímulo exterior que la movilice. Estoy siempre viviendo como reflejo del mundo exterior, necesito que se me reactive desde afuera. No he aprendido a vivir directamente mis capacidades. Es desde el exterior que me estiran, que me provocan, que me invitan, que me estimulan; yo solamente respondo. Yo soy respuesta. Me he acostumbrado a ser un eco. No me vivo a mí mismo de un modo autodeterminado, sino siempre de segunda mano, como reflejo. Si reflexiono con calma y puedo así ver, de un modo evidente, que toda la capacidad óptima de mi estado de ánimo, que toda mi disposición en los diversos aspectos, es algo que se moviliza dentro de mí, porque está ya dentro de mí, si puedo ver que algo del exterior nunca puede darme nada, que puede provocarme, quizá, pero que no es capaz de darme esa euforia, esa alegría, esa cordialidad, ese afecto, si constato con toda claridad que nada ni nadie puede darme un poco de alegría, ni un poco de felicidad, ni un poco de interés o de claridad mental, si me doy cuenta que todo esto está en mí y que siempre ha estado en mí, entonces quizá podré determinarme a cambiar mi polaridad psicológica, y, en lugar de estar pendiente y apoyado en el exterior, comenzaré a estar apoyado y pendiente de mí mismo. Entonces podré decidir por mí mismo ser de esta manera positiva, no esperar que las circunstancias me obliguen o me inviten a ser. Empezaré a ser una persona autodeterminada. Mi estado lo provocaré yo, porque es algo de mí mismo. Es simplemente a causa del hábito, que estamos acostumbrados a depender del exterior, y ese hábito hay que vencerlo introduciendo un nuevo hábito de movilización de nuestros recursos, simplemente por voluntad propia, sin absolutamente ningún otro recurso.

La actitud positiva se fundamenta, pues, en el hecho de que en nosotros existen todas las facultades que nos permitirían vivir de un modo feliz, inteligente, eficaz, y que, en el momento que yo decido movilizar en mí, por mí mismo y con total independencia del exterior, esta capacidad, dichas facultades se ejercitarán, se desarrollarán, se estabilizarán y se convertirán en mi modo de ser, de estar, de vivir. Nos pasamos más de la mitad de, la vida esperando que ocurran las cosas. El resto de nuestro tiempo está repartido entre las alegrías y los lamentos. Nunca ninguna cosa que esperamos nos dará nada, nada en el sentido interior de felicidad, de amor, de paz, de comprensión, que no tengamos ya. Necesitamos lo exterior, ciertamente, pero lo necesitamos como materia prima para nuestra existencia, para nuestra reactivación. No para sentimos nosotros mismos como sujetos, no para tomar consciencia de nosotros mismos. Cuando éramos pequeños, sí. Entonces necesitábamos las cosas del exterior para actualizar facultades que no estaban despiertas ni actualizadas. Pero, una vez las facultades se han actualizado, solamente de nosotros depende el que consigamos mantenerlas vivientes. Es sólo por inercia, por hábito, que seguimos pendientes, como en la infancia, de que el exterior nos obligue.


Antonio Blay, Tensión, Miedo y Liberación interior

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