Iniciar sesión

dimanche, 30 juin 2019 19:40

Algunas de las cosas que le debo a Blay, el Maestro Featured

Written by  Carlos Ribot
Rate this item
(2 votes)

Hace dos días hablaba con un amigo que no sabe si separarse, sobre la vida y lo que somos. Todo cambia, me decía, y lo que fue de una manera cuando me casé, ahora es de otra. Es verdad, pero me hizo reflexionar sobre mi vida y qué era lo que había permanecido. Hay algo en mí que no se ha modificado, le contesté: la demanda de sentido en esta existencia.

Recibí una educación religiosa. Un Sagrado Corazón sedente presidía el salón de mi casa desde que yo recuerdo. Mi padre me llevó a un colegio de jesuitas. De vuelta de algunos ejercicios espirituales, mi madre me preguntaba por los resultados. Yo no tenía una contestación clara, pero percibía que había algo más de lo que habitualmente vivimos, de lo que las relaciones humanas superficiales aportan. Lo tenía claro, pero lo vivía desde dentro y no encontraba palabras para transmitirlo, y las que me prestaba el catecismo me parecían insuficientes.

Con la llegada de la adolescencia la cosa se complica. Porque hay una exigencia de dar respuesta lógica a todas las preguntas, eso me llevaba a tener largas discusiones filosóficas con los amigos. Pero me iba separando de la experiencia interna, personal, que de manera natural había vivido. Y me hice atractivo a los que buscaban seguidores de grupos religiosos, estaba perdido. En los años universitarios pasé al grupo de los buscadores, y un amigo me habló de Blay.  Me resultó muy atractiva su visión porque partía de su propia experiencia sin dar nada por cierto, hasta que no lo vivía y lo hacía suyo personalmente. Eso situaba su “curso de autorrealización” en un lugar cuya sinceridad y libertad de prejuicios me convenció profundamente. Pero…, lo que es el lenguaje, pensamos que es transparente y de eso nada. Entendí autorrealización como “hágalo usted mismo”. Me parecía que yo solo podía hacer el Trabajo que Antonio nos propone, y no es así.

Mi deseo de sacar todo el provecho, todo el jugo, toda la plenitud que la vida nos puede dar, se mantenía. Eso me llevó por el camino del yoga, la meditación, el Tai Chi…Un día en un curso de Reiki, uno de los alumnos, de unos 70 años, nos dijo que él había conocido unos 20 tipos diferentes de caminos espirituales. ¿Y no has seguido ninguno? Le pregunté ¿Estás aquí buscando el 21º? Entonces me di cuenta de que yo estaba perdiendo el tiempo. La demanda seguía allí y la única respuesta que en definitiva había dado hasta entonces era la de “ser bueno”. El buenismo es una forma común de dar cabida a los que quieren un crecimiento espiritual. Dios es amor y todo eso, y si soy bueno evito hacer daño a los otros y no me tengo que arrepentir de nada. Si me sucede algo malo, siempre puedo decir que no me lo he merecido, te das una dosis de autocompasión y ya está.

Pero todo está en la infancia, hasta las reflexiones más profundas. Recuerdo que, durante una Misa, tendría yo unos 9 años, reflexionaba sobre la figura de un tío mío, misionero jesuita, que me parecía la persona más atractiva de las que yo conocía.  Me decía que él no tenía que ser bueno, sino que si lo era es porque le salía de natural, no como una obligación. Porque no era posible la bondad como resultado de un deber moral sino porque surja de dentro. Así pues, había que seguir buscando, ya que tampoco vale lo de “hay que ser bueno”.

Era la hora de ponerse a hacer algo que valiera la pena, algo en lo que yo pudiera confiar, algo que se pudiera palpar como real, sincero, vital. En vez de transitar por caminos aprendidos, repetidos como de memoria, recitados, que no se sabe de dónde vienen. En definitiva, necesitaba experimentar algo de verdad, como Santo Tomás, tenía que tocar. Allí seguía mi demanda, que tenía que ser satisfecha no desde la confianza en el que lo dice, sino desde el valor de lo experimentado.

Lo siguiente lo podéis imaginar: búsqueda en internet, encuentro de páginas que hablan de seguidores de Blay, e mails, contactos con Jordi Sapés. Y lectura del libro “salir del laberinto” (gratuito en www.aticzendo.com )

Os lo recomiendo. Ahora se podría reescribir de otra manera, pero habla con la pedagogía del maestro: claro y directo, sencillo. Puedes hacer el camino espiritual que quieras (nos dice, escribo de memoria), pero decídete por uno y síguelo.

Read 213 times Last modified on dimanche, 30 juin 2019 20:00
More in this category: « El Trabajo de mi vida II

4 comments

  • Comment Link mercredi, 17 juillet 2019 14:30 posted by Imanol

    Muchas gracias por el texto Carlos; todas estas reflexiones y experiencias nos llevan a conocernos todos un poco mejor.

  • Comment Link samedi, 06 juillet 2019 14:44 posted by leire

    Gracias por compartir tu experiencia Carlos. Es un placer compartir el camino contigo.

  • Comment Link vendredi, 05 juillet 2019 07:03 posted by Rosalia

    Gracias Carlos por compartir tu experiencia en esa búsqueda que nos guia hasta encontrar tu camino, a Blay.

  • Comment Link lundi, 01 juillet 2019 06:23 posted by Mª Pilar

    Gracias por tu aportación Carlos

Login to post comments