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Luns, 29 Abril 2019 20:07

La alegría de vivir

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En los primeros compases de la mañana, recién abiertos los ojos, es habitual que el ser se sitúe en una zona nítida y ligera de presencia en la que cada objeto tiene peso, color y forma al tiempo que demuestra una inalterable voluntad de permanencia, como centros intemporales que se irradiaran a sí mismos en una explosión de creatividad. La sesión de Centramiento, lejos de ser un ejercicio cerrado, apuntala un estado que extiende su influencia a lo largo del ciclo vital que comienza, y te coloca en una posición privilegiada antes de la inmersión plena en el fragor del Trabajo, en ese continuo de autoobservación y despertar sostenido, de relaciones interpersonales que espolean mecanismos recurrentes, de conciencia expandida, de recaída en actitudes con personas cercanas y queridas, de redespertares, de remanentes del subconsciente que se manifiestan con titubeos, tartamudez o complejos, de conciencia de la rabia aun desatendida que te da la medida del amor que puedes dar, de unidad, de desidentificación, de distancia cercana…y de tantas cosas. Acabada la jornada, uno procura lanzar una mirada retrospectiva de lo acontecido, que le devuelve parte de aquella paz inicial y le sirve para rectificar en diferido los espacios vacíos del personaje. Lo maravilloso y notorio de todo este encadenamiento de experiencias es que se sostiene en una nueva fragancia, en un sentimiento inédito: el deseo y la alegría de vivir. 

Luns, 29 Abril 2019 19:59

Hablando de dificultades

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Los diferentes niveles de conciencia que podemos experimentar nos conducen a vivir en realidades distintas. Por eso es tan difícil dar consejos útiles a la gente que está en un nivel determinado y lo vive como algo problemático. No se puede hacer otra cosa que animarles a superar estas dificultades tomándolas como punto de referencia de lo que han de ejercitar.

A veces esto se interpreta como falta de compasión, pero es el único consejo que podemos dar. ¿No nos sentimos comprendidos?, observemos si nos entendemos nosotros mismos, miremos si nos queremos justificar ante los demás porque no estamos convencidos de nuestra propia postura. ¿No nos sentimos valorados?, haremos bien de examinar si estamos respondiendo conscientemente a las situaciones que se nos presentan, sin esperar agradecimientos o recompensas. ¿Nos parece que no vamos a conseguir lo que deseamos?, veamos si estamos poniendo los medios necesarios para ello o esperamos que suceda un milagro de estos que no existen.

Luns, 29 Abril 2019 19:45

Proceso evolutivo de la vida humana

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Visión psicológica evolutiva
  
Si observamos la vida del ser humano como un proceso psicológico evolutivo, vemos que nuestro punto de partida se basa, en general, en la idea que tenemos de nosotros. Esta idea que tenemos de nosotros (el yo-idea) hace que «funcionemos» de un modo determinado: y este «modo» constituye nuestro modo de ser. Esta idea básica, en su funcionamiento, se convierte en un núcleo, actúa como un núcleo respecto al modo de ser.
  
Pero a medida que la persona va madurando, va descubriendo progresivamente la relatividad de este yo-idea y de este modo de ser, y va viviendo más la profundidad de su yo-experiencia. Entonces, gracias a que se desidentifica del yo-idea y de que vive más el yo-experiencia, éste manifiesta su condición de eje central y se convierte en un nuevo núcleo.

En consecuencia, se puede soltar la identificación con el modo de ser, con el yo personal, y se hace posible ir aceptando a los demás con sus otras (y diferentes) formas y modos de ser, los cuales antes se veían con recelo, temor o desconfianza. Entonces, las otras formas dejan de ser problema, dejan de ser enemigos de los que defenderse.

Por la observación aparece bastante claro que el sentido de la vida en su aspecto interno es llegar a una plenitud de conciencia, sea de un modo u otro, y en su aspecto externo, es expresar esa plenitud de conciencia a través de una plenitud de forma; aunque la expresión de la vida a través de las formas tiene siempre un carácter accidental y efímero, pues las formas son simplemente eso, una expresión, una manifestación.

Solamente cuando se vive la vida en su misma fuente, allí de donde brotan todas las formas, es cuando se percibe que es más completa, más llena en sí misma. La vida no tiene sentido por el hecho de dirigirse hacia un lugar determinado. Muchas veces nos preguntamos: ¿cuál es nuestro fin?, ¿hacia dónde nos dirigimos?, ¿a dónde iremos a parar?, como si el lugar hacia el que nos dirigimos nos pudiese dar por sí solo el verdadero sentido de nuestra vida actual.