Iniciar sesión

Venres, 02 Setembro 2016 15:25

Requisitos para un trabajo espiritual efectivo

Written by 
Rate this item
(11 votes)

Siempre que alguien nos plantea dudas sobre las posibles opciones de un camino de trabajo interior, nosotros le proponemos que aplique la siguiente “prueba del algodón”: mira si, al cabo de seis meses, tu visión de la realidad ha cambiado de forma sustancial; comprueba si, una vez pasada la novedad inicial, este camino está siendo para ti algo real y transformador. No si te hace ilusión, no si las teorías que te explican son muy bonitas y sueñas con llevarlas a término en un futuro, no si con ellas puedes hablar de lo mucho que te esfuerzas para ser mejor, como muy bien describe Jordi Sapés en su artículo de este mes, sino si te está transformando de verdad.  

Porque en esta línea de Trabajo Espiritual no nos proponemos  mejorar, nos proponemos ser; y esto cambia por completo la perspectiva que la persona tiene de sí misma y de la realidad que la envuelve. No es que estemos en un grado 3 y queremos llegar a 7, es que  somos 10 y siempre lo hemos sido. Lo que pasa es que hemos de redescubrirlo porque lo hemos olvidado. Hemos olvidado que ya somos 10 y pretendemos arreglar este olvido, y al menos acercarnos a esta puntuación, mediante una serie de entramados mentales, a cual más complicado. 

No hay nada contra lo que luchar, no hay nada que mejorar, solo hay que descubrir el Ser que somos, y dejar que este Ser se exprese. Y es evidente que esta expresión se hace de un modo concreto y en una realidad concreta, en situaciones a veces fáciles y a veces no tanto, en tesituras a veces agradables y a veces todo lo contrario, y casi nunca a nuestro albur, pero la gracia está en que sabemos ver en cada circunstancia la oportunidad de actualizar (convertir en acto), en toda su potencialidad, esta realidad 10 que ya somos. Dicho de otra manera, para desplegar todo lo que somos, para volar, hay que tener los pies muy asentados en el suelo, y transitar con firmeza, sensibilidad y criterio por el terreno que pisamos, sea llano, empinado, pedregoso o arenoso; o con algún socavón que haya que sortear, saltar, o incluso atravesar. De esta forma, lo que cambia no es la realidad que nos envuelve, sino el hecho de contemplarla sin prejuicios y de interactuar en ella desde un protagonismo consciente.

Lo cual nos lleva al segundo punto que pretende destacar este artículo: la necesidad de esta conciencia de cambio, de proceso de transformación que tan bien reflejaba Einstein en su famosa frase: “un problema no se puede arreglar en el mismo nivel de pensamiento en el que se creó”.  Si lo que queremos es “mejorar”, si lo que queremos es “hacer reformas” y cambiar la pintura, o la decoración, de una casa para seguir en ella cuando, en verdad, apenas se sostiene porque sus cimientos no tienen entidad, mejor que vayamos a buscar los remiendos a otra parte, porque lo que aquí se propone es dejar de atender espejismos y llevar la atención a lo que es real y auténtico: nuestra naturaleza esencial como capacidad infinita de ver, amar y hacer; la cual está inmersa en un entorno que le estimula a hacerlo a cada instante.

Lo paradójico de todo esto es que en este proceso las cosas que tenemos entre manos mejoran, pero lo hacen porque dejan ya de ser el baremo a través del cual dejamos que los demás, y el personaje que llevamos encima, nos juzgue constantemente, y pasan a ocupar el lugar que les corresponde: productos, objetos creados por un sujeto que se ha descubierto en el ser que es, y se está experimentando. Así, y sólo así, recuperamos en cada acto el placer infantil de jugar por jugar, dándonos, eso sí, la capacidad de aprender en cada jugada.

 

Read 19877 times Last modified on Venres, 02 Setembro 2016 15:36

13 comments

  • Comment Link Domingo, 04 Setembro 2016 10:13 posted by Jordi Calm

    Gracias a ti, Jordi, por tus palabras.

    Hacerte notar que esto que ha sucedido es pan común, y la gracia está no tanto en evitarlo completamente como en ser cada vez más capaces de agilizar estos procesos de recuperación de nosotros mismos, que vayamos acortando este tiempo de detección del sueño para utilizarlo en despertar. Así, y a veces sin que nos demos mucha cuenta, es como estos periodos de sueño y sufrimiento tienden a ser, a su tiempo, cada vez más residuales.

  • Comment Link Sábado, 03 Setembro 2016 17:30 posted by Javier

    Excelente artículo Jordi. Gracias.

    Quería preguntarte si no crees arriesgado mencionar límites temporales en relación al Trabajo, ¿por qué la prueba del algodón a los seis meses, y no al cabo de uno, dos,…,n años? Cada uno partimos de una personalidad diferente. Yo siento esa fuerza transformadora ahora, unos cuantos meses más tarde de los que planteas. En breves instantes, aunque muy reales. Tiene que ver con la formación de un nuevo vínculo con el mundo desde mi presencia (lejos del autoensimismamiento en el que he caído múltiples veces). Lo confirmé en Oseira. Allí, en la medianía del retiro, en una de las liturgias, postrado, le pedí a Dios que me ayudara a mantener el estado de comunión alcanzado, ese andar por los pasillos amando al otro, deseando su bien tanto como el mío, con agradecimiento y diluyéndome en un gozo sencillo de hermanamiento que me rebasaba nítidamente. Y además estaba esa liberación que se experimenta por la comprensión de la equivocación que se ha vivido. Sí, breves momentos, pero ciertos y que empiezan a anegar todos los ámbitos de la existencia. Entonces, ¿Por qué a los seis meses?

    Un abrazo

  • Comment Link Venres, 02 Setembro 2016 18:33 posted by Jordi

    Gracias por el artículo. Después del Retiro de Oseira y de la vacaciones y habiéndome reincorporado hace ya tres semanas al trabajo ordinario, he podido comprobar como lentamente he ido otorgando más importancia a lo que en el texto define como "las cosas que tenemos entre manos" y menos a mí mismo. Esto me ha llevado inevitablemente al sueño y a sufrir. Este texto es una sacudida que me anima a no distraerme y a poner la atención allí donde toca: en mí.
    Gracias!

Login to post comments