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Mércores, 03 Setembro 2014 18:25

El deseo (capítulo 7). La fe operativa

Written by  MIquel Cazaña
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Curiosamente, hemos ido a parar a esta noción, que parece extraña (teniendo en cuenta de donde hemos partido), de la Fe. ¿Qué quiere decir Fe? Vemos en el Evangelio constantemente esta referencia a la Fe. «Si tuvierais fe...», «todo es posible a los que creen»... «¿tú crees que puedo curarte?»... (y entonces se produce la curación). Siempre aparece este condicionamiento a la fe. Pero, claro, muchos de nosotros tenemos la palabra fe asociada a cosas desagradables, o poco deseables, según hayan sido nuestras experiencias; y parece que todo el mundo anda un poco receloso con esta palabra fe.

Fe significa que en nosotros hay la intuición de una realidad, de una realidad invisible; y que intuimos que esta realidad invisible es el antecedente de la realidad visible, que todo lo que existe tiene su origen y su mantenimiento desde el lado que no vemos, que todo el soporte de todo lo que llamamos cosas reales, materiales, es un soporte precisamente que no se ve, que está en las fuerzas superiores, cuando uno tiene la intuición de que realmente lo que vemos en el mundo material son las condensaciones, las materializaciones, los productos terminales de otra cosa que existe..., o utilizando el lenguaje religioso, cuando vemos e intuimos que todo lo que existe, existe por la voluntad actual de Dios, que Dios es la causa que está haciendo que todo esté ahora existiendo, que esté funcionando de un modo y no de otro, cuando descubrimos que esa inteligencia superior, esa potencia superior, ese estado superior, es la causa, actual, constante, de todo lo que existe..., entonces, cuando a esta intuición yo puedo responder con toda mi voluntad, entonces tenemos la fe operativa, entonces tenemos la fe transformante.

Mientras yo sólo creo un poco o sólo intuyo un poco, esto es un comienzo de la fe, es el aspecto intelectual o intuitivo de la fe, pero esto no será Fe hasta que yo, todo yo, toda mi energía, toda mi conciencia de realidad de mí, se aplique a esto que intuyo, hasta que todo yo me comprometa en lo que veo, en lo que intuyo. Y sólo cuando hay este compromiso total, esta actualización de todo yo en relación con eso que intuyo, entonces eso se convierte en la Fe que hace milagros. Y los milagros que hace son un efecto inevitable. Inevitable porque estoy poniendo las únicas condiciones que hacen posible que lo que está en potencial se convierta en actual.

Siguiendo con el lenguaje religioso, Dios quiere la plenitud para todos, y no una plenitud allá arriba, sino la plenitud aquí abajo, porque Dios no es sólo el Dios del cielo, es el Dios del cielo y de la tierra. Y nuestra plenitud en la Tierra no está separada ni mucho menos reñida con la plenitud sobrenatural. Sólo existe una plenitud: Dios. Dios que se expresa con más o menos limitaciones a través de un nivel o a través de otro. Lo que hace funcionar una cosa es lo mismo que hace funcionar a la otra; es la misma realidad que se manifiesta a niveles distintos. Es nuestra mente la que pone unas separaciones: «esto es lo espiritual y esto es lo material», «eso es lo bueno y eso es lo malo». Mas, ¡todo es bueno! Y todo eso bueno está disponible para todos si tenemos la valentía, el coraje, de poderlo entender, aceptar y ser consecuentes con ello.

Esta es la verdadera fe operativa. No depende de una voluntad arbitraria de Dios. Dios no cambia de voluntad. Su voluntad está ya hecha y es la de la expresión completa. Ahora bien, esta expresión completa se manifiesta temporalmente según nuestra capacidad para darle paso, y esa es la única limitación aparente en la manifestación; pero no porque El pueda querer ahora más, ahora menos. O sea, que nuestro desarrollo y la expresión más perfecta de esa plenitud son dos caras de la misma cosa. Por lo tanto, en la medida que yo puedo intuir, intuir sinceramente, estar todo yo en la que intuyo y entonces aceptar eso que intuyo como verdad y como realidad..., aceptarlo, pero no como idea sino con toda mi voluntad, como un hecho ya actual puesto que veo que eso es así, y veo que lo que yo deseo ya está realizado, en el momento en que yo acepto aquello, está ya realizado en el plano de las causas. Y cuando está realizado personalmente en el plano de las causas, entonces se actualizará inevitablemente y rápidamente en el plano de los efectos. Pero pretender que se realice en el plano de los efectos sin que esté realizado por nosotros en el plano de las causas es absurdo, es imposible.

 

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13 comments

  • Comment Link Venres, 05 Setembro 2014 11:35 posted by Manuel

    Esteban, los niños no juegan como una forma de conseguir X cosas, juegan por el placer del juego en sí. A través de ese juego desarrollan curiosidad, deseo de aprender, capacidad de maravillarse.

    Los adultos encontramos el juego como algo infantil, precisamente porque ese deseo de aprender, capacidad de maravillarnos y entrar a las experiencias "virgenes" no lo hacemos.

    Personalmente, entiendo que el desarrollo de esas habilidades de los niños, es a lo que nos insta la palabra de Dios en la Biblia.

  • Comment Link Xoves, 04 Setembro 2014 15:43 posted by Pedro

    Leo el texto (un clásico)y me ronda la misma pregunta de siempre: ¿cuantas personas tienen la capacidad de aplicar toda el amor, la energía y la inteligencia que somos a la intuición inicial? No me vale la respuesta habitual (todas). La historia (y nuestra propia experiencia)nos enseña que muy, muy pocas personas llegan a autorrealizarse. Las limitaciones que lo impiden son de gama amplísima y no las elegimos nosotrxs. A fin de cuentas, si siempre se hace la voluntad de Dios (y esta parece inclinarse porque solo una minoría logre la fe operativa), poco margen tenemos.
    La sensación que a menudo me ronda es que la vida es un intento constante, un tropezar, levantarse y volver a seguir. Eso lo sabían ya mis padres y mis abuelos sin haber leído a Blay... Entonces, ¿qué ventaja tenemos si nos comparamos con todo aquel que, a pesar de no tener vivencia espiritual (al menos consciente) afronta la vida con valentía, sinceridad y grandes ganas de vivir?

  • Comment Link Xoves, 04 Setembro 2014 09:40 posted by Esteban

    Por una parte en la Biblia se nos dice bien clarito
    que hay que ser como niños para entrar en el cielo
    y una vez en oración no podemos dirigirnos con
    infantilismos esto también me lía bastante .
    Un saludo en este nuevo curso Esteban.

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