Print this page
Luns, 07 Mai 2012 21:47

La vivencia y el desarrollo de nuestras capacidades

Written by 
Rate this item
(5 votes)

Si quiero llegar a vivir una plenitud afectiva, el único medio que existe es que yo ejercite activamente mi acto de amar, mi acto de responder con gozo, con felicidad a las situaciones. Mientras yo esté esperando que el exterior me llene de satisfacción, me llene de amor, estaré esperando toda la vida en vano. Lo único que me desarrolla es ese acto por el cual yo ejercito mi potencia.

Curiosamente eso se ve muy claro en el aspecto físico; yo sé que no puedo tener una fortaleza física que no sea el resultado de mi ejercitamiento físico. En la medida que ejercito, que hago gimnasia, que hago ejercicio físico, etc.…, en esa medida soy más fuerte y no puedo esperar ser fuerte si no me ejercito.

Pero, curiosamente, en lo afectivo estamos creyendo que es al revés, estamos creyendo que no depende de mi ejercitamiento sino que depende de lo que los demás me dan, como si lo afectivo fuera distinto de todo lo demás, como si fuera una especie de hucha y que se trata de que los demás me vayan llenando el depósito con afecto, con amor, con cordialidad.

Nunca seré feliz con el amor que recibo. Siempre seré feliz con el amor real que yo dé. Lo que sucede es que resulta fácil dar cuando se recibe, pero no es absolutamente imprescincible y, en este sentido, el tener unas situaciones que sean afectivamente agradables facilita, pero no sustituye, el que yo responda afectivamente.

En el aspecto inteligencia ocurre exactamente igual: mi capacidad de ver y comprender es el resultado del ejercitamiento activo que yo hago en actos particulares de comprender. Pueden llenarme la cabeza con la información de todas las bibliotecas del mundo y esto no me hará más inteligente. La inteligencia es la capacidad de ver, de comprender, de penetrar la verdad, el sentido o el significado de las cosas. Esto es un acto activo de mi propia capacidad central y sólo en la medida en que la ejercito se actualiza, se desarrolla. Yo puedo tener mucha cultura, que quiere decir información, pero eso no es la inteligencia. La inteligencia es la capacidad de ver por sí mismo, de comprender, y esto necesita también de esa actualización.

Así pues en todos los niveles siempre es lo mismo. Yo puedo tener un medio ambiente que sea agradable o desagradable, que estimule o que no estimule, pero lo único que en todo caso me desarrollará será en qué medida yo respondo a las situaciones, sean las que sean, con mi potencial real. Me desarrollaré en la medida en que viva más mi interés por comprender, más mi gozo y mi afectividad, más mi energía profunda en relación con las situaciones.

Nada puede sustituir a este acto de presencia, de respuesta total de mí mismo. Yo soy exactamente la resultante de lo que he ejercitado, ni más ni menos, como ser concreto. Por lo tanto, yo me he fabricado a mí mismo, dándome cuenta o no, según las respuestas que he ido aprendiendo a dar.

A partir de este fragmento de la obra de Antonio Blay SER. Curso de psicología de la autorrealización, podríamos plantearnos las siguientes preguntas.

¿Estás de acuerdo en que se puede / debe “ejercitar” el amor? ¿Si es así, cómo piensas que se puede hacer?

¿Estás de acuerdo cuando se menciona que hay diferencia entre información e inteligencia?

¿Hay aspectos de nuestras vidas en los que esperamos más del exterior que de nosotros mismos?

Si no actuamos según las premisas que nos propone Antonio, ¿qué otras alternativas tenemos? ¿Qué nos ha ocurrido cuando hemos actuado en base a ellas?

Read 11152 times Last modified on Luns, 07 Mai 2012 21:50

Latest from ADCA

10 comments

Login to post comments