laura

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¿Quiere decir esto que ante las personas hemos de tener una actitud idealizada, mística? No; simplemente, ante las personas nuestra actitud debe ser natural, sencilla. Pero ante nosotros mismos hemos de estar muy despiertos y presentes, y totalmente receptivos ante la Presencia de Dios en nosotros. Y permaneciendo receptivos hemos de expresarnos con naturalidad, con espontaneidad. Esta espontaneidad puede conducirme en ocasiones a defender un punto de vista, a ejercer una acción o una presión, a luchar si es preciso; pero no porque yo estoy defendiendo algo -mi idea personal, mi gusto personal o mi miedo personal-, sino porque Dios se expresa en mí a través de mi modo de ser.

Se me ha propuesto que escriba un artículo para la asociación, y lo tengo que titular de alguna manera. He escogido éste título porque es una de las cosas que tengo claras en mi vida: el Trabajo de mi vida es despertar.
No recuerdo cuando empecé a preguntarme sobre el sentido de mi existencia, pero ya antes de empezar con el Trabajo me daba cuenta de que estábamos dormidos, yo me creía semidespierta y me preguntaba el porqué. Me lo preguntaba dormida, pero la pregunta nacía de un lugar profundo de mi que no dejaba espacio a las dudas, de una intuición de que había un estado mucho mejor al que ordinariamente yo vivía, y que a veces, de manera espontánea me había sobrevenido. Aún con esta especie de seguridad de que esto era así continuaba dormida, tenía problemas de entendimiento con mi familia, sobre todo con mi madre (que actualmente es la persona con la mejor me entiendo, y con la que me encuentro absolutamente libre aunque discutamos), con mis relaciones laborales, sobre todo con los grandes jefes, con mi relación de pareja…vamos, lo típico que le pasa a cualquiera cuando está sometido a un montón de presiones inconscientes desconocidas, que le llevan y le traen dando palos de ciego.

Éste es un seminario de fin de semana que imparten Jordi Sapés y Maria Pilar de Moreta –ambos fueron alumnos de Antonio Blay.

Está pensado para entender como son las relaciones que mantenemos, y aunque lo primero que suele venir a la mente cuando se habla de relaciones es la pareja lo cierto es que a través de ellas se abarca mucho más: ¿habría existencia si no hubiera relaciones? ¿ podríamos aprender? ¿ incluir conceptos? Me gusta mucho una cosa que expresa Sapés más o menos así; imaginemos nuestra vida sin los demás: ¿es posible? Es evidente lo limitada que quedaría.

Para todos es de suma importancia llegar a realizar esta naturaleza central del Amor, del Bien y de la Armonía, ya que los mayores problemas que tenemos se generan ahí. Cuando uno aprende a vivir el amor de un modo sumamente expresivo –no de un modo centrípeto, sino centrífugo- toda nuestra personalidad se integra.

Valor unificador
El Amor tiene un poder de integración; ésta es una de sus grandes características. Tiene un poder de difusión, tiende a fundir en un solo elemento lo que era diverso y múltiple; el Amor tiene un efecto sintetizador. Además, fortalece por ser una energía formidable. Con esto no nos estamos refiriendo al amor apasionado, al amor vital.

Su significado
Con este nombre, la gente quiere dar a entender cosas muy diversas. Para muchas personas, vida interior consiste en lograr cierta tranquilidad interna, en aislarse de los problemas y complicaciones del mundo exterior, en alcanzar cierta fuerza, equilibrio, etc. Es decir, para muchos, la vida interior viene a ser como una especie de recetario para conseguir un mayor equilibrio de su personalidad, y nada más. Para otros, vida interior significa cultivar una calidad en el pensar o en el sentir, calidad que luego se manifestará en su vida profesional o social, proporcionándoles una mayor intuición o una mayor inspiración, etc. Para otras personas, vida interior quiere decir dirigirse a eso superior, a lo que se le puede dar el nombre de Dios, o el que sea, y tratar de armonizarse con  esta fuerza superior y así conseguir una paz, ya de un orden superior, un amor, una fuerza; es decir, llegar a una armonía con  Dios, de forma que uno viva de un modo positivo como expresión de esta paz.

Cuando en la vida nos vemos en la necesidad de recibir golpes y pasar por amargos desengaños que nos llegan sin buscarlos, contra toda aparente lógica y justicia, si solo vivimos tales situaciones de un modo personal, convertiremos muchos momentos de nuestra vida en tragedias. No se trata, para evitarlos, de cerrarnos a las experiencias desagradables, volviéndonos insensibles, sino de ampliarlas hasta llegar al fondo de la experiencia, a donde no llega ya su bofetada. Sin este trabajo interno no existe forma posible de solucionar problemas de esta índole. La solución llega buscando la verdad positiva, profunda última de la cosa. Nunca contraponiendo una verdad parcial frente a otra verdad también parcial, que jamás arrojarán una solución total.

El existir, en todos los aspectos, es una unidad funcional en la que no hay nada que exista de por sí aparte de lo otro. Lo único que existe y que tiene una unidad esencial es ese fondo del que os hablo repetidamente. Ese fondo, esa identidad profunda, que me hace ser consciente de todo cambio. Todo lo demás es simplemente una identificación; yo creo ser un conjunto de sensaciones que llamo cuerpo, o creo ser un conjunto de ideas que llamo mis opiniones, o un conjunto de emociones o sentimientos que llamo mi querer o mi voluntad. Y todo esto es una pura apariencia porque todo está en relación con todo. La prueba es que con los años todo esto va cambiando. Hay algo detrás de todo esto; y ese algo es lo único que realmente es de por sí, que tiene una realidad intrínseca.

Lo que estoy tratando de expresar, de indicaros, es que debemos descubrirnos como tal realidad intrínseca, y que dejemos de vivir dentro de unos esquemas pequeños. Todo lo que yo puedo hacer, sentir, vivir, toda mi ex-istencia (ex = hacia fuera), es la expresión de algo que soy intrínsecamente. Y hasta que yo no me realice en ese ser intrínseco que soy estaré siempre con problemas, con una parte de mi existencia que contrapongo a otra parte de mi existencia. Hay que poder descubrir que yo y la existencia no somos dos cosas; que yo soy la existencia y la existencia es yo en forma de persona. Y esto no sólo como un concepto filosófico sino como una vivencia experimental.

Estados negativos son aquellos que lesionan el modo de ser de uno mismo respecto a uno mismo y al mundo. Estados negativos no son los problemas que tenemos en nuestro vivir diario, las luchas que hemos de sostener y superar contra las dificultades. No, estas luchas no quedarán eliminadas. Lo que sí se eliminará es la lucha interior, la escisión interior, la lucha existente entre los elementos internos en nosotros mismos.
Al eliminar esta dualidad o pluralidad de factores dentro del yo, la persona tomará conciencia de sí, de sus posibilidades y recursos, vivirá de una manera integrada toda su capacidad de ser, y es con esta capacidad reunida, entera, consciente, que emprenderá la lucha con los problemas del mundo.No se le evitarán los problemas; lo que ocurre es que allí estará una persona completa, entera, para vivirlos para enfrentarlos y superarlos, para adaptarse, es decir para seguir el juego de la vida, pero ahora ya de un modo totalmente positivo.